jueves, 22 de marzo de 2007
Por Bertrand Russell
No sólo se envenena el trabajo con la filosofía de la competencia: se envenena también de igual modo el descanso. El descanso, que es apacible y restaurador de los nervios, llega a ser aburrido. Es preciso seguir en continuo aceleramiento, al final del cual vienen las drogas y el colapso. La cura de esto se halla en admitir en nuestro ideal equilibrado de la vida una parte de goce santo y apacible.
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